Apostemos por la investigación y la labor creativa en la UPR

A veces nos olvidamos que la enseñanza en general es mucho más que un currículo, un programa académico rígido con cursos dictados en secuencia, o un profesor frente a una pizarra desgastando tiza mientras discute planteamientos sacados de un libro o de sus propias experiencias. También se aprende de otros, en el laboratorio, en los talleres y actividades, en una íntima reflexión, en las excursiones, en las reuniones con colegas y amistades, en las tertulias sociales, en fin, en todo un ecosistema que sobrepasa la distancia y las posibilidades. Y es dentro de este ecosistema interconectado que la UPR debe apostar y posicionarse por la formación de destrezas trascendentales en el individuo del presente y del futuro, tales como la colaboración y el trabajo en equipo, la creatividad y la imaginación, el pensamiento crítico y las habilidades para encontrar y resolver problemas que van más allá de memorizar un contenido que desvanece con el tiempo. Todas estas destrezas se fortalecerían participando en programas de investigación o labor creativa que rompen los esquemas tradicionales del aprendizaje.

Las actividades de investigación en todas sus modalidades son esencialmente procesos iterativos que persiguen perfeccionar el conocimiento con nuevas verdades y consensos. La labor creativa expande las humanidades y las artes brindando contexto al proceso.  Esto a su vez altera los paradigmas reflejados en la enseñanza y en el mismo material que se comunica a los estudiantes. Al fin y al cabo, todos somos estudiantes y maestros, y es, por ejemplo, el proceso científico, siempre riguroso y resistente, el que garantiza que lo nuevo sea otra vez nuevo. Y que lo viejo sirva de educación y evidencia, a veces entre sonrisas recordando el camino, de que todas las preguntas tienen contestación.

Confrontado con esta realidad, me cuestiono incansablemente por qué dentro de todo este caos en nuestra querida UPR, de recortes injustificables, de huelgas y luchas ideológicas y de malos entendidos, marginamos la investigación y labor creativa como propuestas serias y probadas para hacer relevante la universidad nuevamente para su país, posicionarla como imán de talento a nivel internacional y usarlo de receta para innovar y emprender. Al contrario, dentro de todo este debate nos hemos olvidado que el proceso por conocer el cómo, el cuándo, el por qué y para qué de todo lo que nos rodea, es el fin primordial de toda universidad, y si lo negamos o lo delegamos a lo opcional y al pasatiempo (cuando haya tiempo) le hacemos daño al progreso, inclusive a nuestra existencia, pero primordialmente a nuestras comunidades que esperan ayuda, la mano amiga, para solucionar sus problemas. Solamente a través de la investigación y la labor creativa retamos el intelecto y nuestra humanidad, le hacemos frente a la ignorancia y a la hipocresía.

También nos hemos olvidado de que la investigación y la labor creativa son vehículos de transformación universitaria para atraer recursos y oportunidades, para aumentar la tasa de graduación y la retención de estudiantes y para darle espíritu y pertinencia global a su profesorado y personal administrativo. Son estas las experiencias las que nos llenan de orgullo cuando nuestros estudiantes nos representan en otras partes del planeta.  La lista de beneficios es larga, bien estudiadas y replicables. Lamentablemente, las agendas y las manos para que no ocurra y florezca en Puerto Rico son muchas.

Me veo también apenado que a pesar de un gobierno que por un lado aboga por la innovación y el emprendimiento anunciando incentivos y programas, por el otro destruye su universidad sin proveerle herramientas, dirección, flexibilidad, recursos y relevancia cuando el volumen de mejores ideas convertidas en negocios principalmente sale de la UPR, el principal productor de inventos, hallazgos científicos y productos artísticos en Puerto Rico. ¿O es que desconocen los que dicen dominar las teorías de desarrollo económico en el gobierno que el ingrediente principal para el éxito de Silicon Valley (que tanto se menciona en miras de replicar aquí en Puerto Rico) es Stanford University? ¿Se han dado la vuelta por UPR Mayagüez para conocer cómo un puñado de universitarios han creado uno de los ecosistemas de innovación y emprendimiento más fuertes de Puerto Rico? En toda parte del mundo, la universidad es el epicentro del desarrollo económico, el que nutre y se deja nutrir de su sociedad.

El llamado a todos los universitarios con capacidad para reformar la institución es a apostar por la investigación y labor creativa, a que se innove eliminando burocracia para que profesores encuentren el tiempo y hacerlo con orgullo, que se inserte en nuestra cátedra no como actividad opcional, pero como esencial e ineludible no por orgullo propio sino por el bien de nuestra sociedad. Apostemos que a través de estas acciones encontraremos las soluciones que nos permita salir del abismo fiscal y demostrémosle al gobierno en su miopía que la mejor inversión es la universidad.

Cada vez que un estudiante realizando investigación se sienta a buscar las respuestas a las preguntas más desafiantes del planeta, abonamos a su crecimiento con la mejor forma de aprender: haciendo.

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