¿De dónde la UPR va a recortar $300 millones?

Yo creo fielmente que la Universidad de Puerto Rico (UPR) debe convertirse en el motor de desarrollo económico de Puerto Rico y debe explicarle a su entorno el valor que representa. Lo cumple a medias, creando excelentes profesionales que se despliegan por todo el mundo, pero falla considerablemente en su rol protagónico de crear a niveles razonables conocimiento nuevo a través de la labor creativa y la investigación y de articular con sencillez cómo la universidad le soluciona los problemas a la gente. Al fin y al cabo, las universidades no son fábricas de cerebros, al contrario, deben ser exploradores de lo desconocido y desafiantes conquistadores de la verdad influyendo así los paradigmas del qué y cómo se enseña. Estos son los valores que crean sociedades emprendedoras y autosuficientes.

También es cierto que la UPR tiene un modelo administrativo arcaico, grande, lento y altamente regulado que no permite agilidad para provocar cambios e innovación. Por supuesto, tampoco nos olvidamos de que su constante crisis de identidad e ingobernabilidad profundiza el buen ánimo de crear consensos y contribuir con soluciones.

No es sana política recortarle a la UPR casi una tercera parte de su presupuesto tal como lo ha propuesto la Junta. La mejor inversión siempre es la educación. Cuando se escuchan las correntías de posibles recortes a la educación la lucha por proteger la inversión no puede ser un llamado al silencio, más bien debe ir acompañado de recordar y pautar con euforia su valor y lo que representa.  Pero a la vez, hay contradicciones ante este digno reclamo cuando es conocimiento general que la UPR no ha podido operar con eficiencia y no ha creado los mecanismos para conseguir sus propios ingresos, aspirar mayor autonomía fiscal y alejarse de los vaivenes políticos y económicos. Ha dejado a la deriva miles de estrategias y propuestas (de todos los sectores universitarios, del país y amigos de la diáspora) que aportarían más fondos a la universidad, mejores servicios, mayor valor y oportunidades para todos. Se ha postergado su evolución en convertirse en líder mundial de innovación e investigación, componentes importantes e imprescindibles para crear riquezas en conocimiento y desarrollo económico en nuestra sociedad.

Ante este panorama, queda entonces evaluar propuestas que maximicen los recursos, aumenten la competitividad y ayude a mantener vigente la UPR hoy, mañana y siempre. A continuación, algunas ideas para reflexionar que encuentro importantes ante la discusión que se avecina en la comunidad universitaria.

Perdonen que lo diga de esta manera, pero la Oficina de Exalumnos con sus unidades en los recintos no sirve. Hay gente buena trabajando en esas oficinas y algunas iniciativas se ven interesantes, pero sin los recursos, el talento amplio y dirección para hacerlas relevantes. En otras universidades estas son oficinas de recaudación de fondos bien inteligentes, con capital para viajar, hacer conexiones con la diáspora, la industria que emplea estudiantes y empresarios, e invertir en eventos internacionales de mucha visibilidad. Cuentan con una base de datos de información de exalumnos dinámica, actualizada periódicamente por los mismos exalumnos con sistema de recordatorio automatizado que facilita los esfuerzos más allá de los que habitan en Puerto Rico.  He hablado con muchos exalumnos que opinan igual que yo y les molesta que nadie ha querido coger este problema por los cuernos con todo el potencial que tiene. Hay que crear una nueva oficina con profesionales en mercadeo, innovación tecnológica y experiencia en recaudación de fondos, con garras para escuchar las necesidades de los exalumnos y actuar con prontitud. Una oficina bien pensada podría recaudar junto a la recién creada Fundación UPR más de $20 millones anuales y se puede financiar a sí misma.

La creación y fortalecimiento de unidades de desarrollo de propuestas cada día se hace más importante. Este tipo de unidades contrata expertos en desarrollo de propuestas y dedica todo su trabajo en búsqueda de fondos, unir esfuerzos con investigadores, identificar oportunidades en agencias federales y otras instituciones académicas, entre otras funciones que ayuda a obtener fondos para distintos objetivos. Existe inclusive agencias privadas que se dedican a esto y reciben una compensación por el dinero recaudado. Por supuesto, lo adecuado es tener 10-15 redactores de propuesta con conocimiento técnico y que sean motivados por recibir compensaciones adicionales por los fondos que ganan. Esto podría levantar entre $20-50 millones anuales en investigación, innovación, labor creativa, servicio e infraestructura. También se puede financiar a sí misma con los costos indirectos que generen.

La productividad en investigación sigue siendo baja en la UPR a pesar de ir incrementando a paso lento en las pasadas décadas. Le hacemos un flaco servicio a Puerto Rico y al mundo en nuestro deber como institución universitaria en crear conocimiento nuevo y que esos descubrimientos se vuelvan en oportunidades de desarrollo socioeconómico para nuestra gente. Entre los factores principales para esta baja productividad se encuentra el poco tiempo que poseen los profesores para realizar investigación. La gran mayoría de los profesores están saturados de cursos y atrapados en tareas administrativas que en muchas ocasiones no resultan ser productivas. Esto genera una caída sin fondo para los profesores apartándolos de las oportunidades para redactar propuestas y mantenerse relevante ante la comunidad científica y profesional. Resolver este problema es bien complejo, pero hay que cambiarlo aportando soluciones por distintos frentes.  Uno de estos es realizando cambios al “tenure track” de los profesores de la UPR para aumentar la competitividad, participación y retención de profesores realizando labores creativas e investigación a través de toda su carrera universitaria. Hay que hacer la investigación “sexy” y parte fundamental de la cátedra y no algo opcional.  Hay que premiar los que dan la milla extra con mejores salarios y recursos. Si logramos esto, al menos de forma inicial en los recintos grandes, aumentamos gradualmente la obtención de fondos de investigación, ampliamos la oferta de estudios graduados y el apoyo económico a estudiantes, incrementamos el prestigio (salimos en los rankings) con más publicaciones y presentaciones abriendo oportunidades para colaboraciones, y poco a poco queda el camino trazado para generar más patentes y opciones de comercialización que le dan valor a la experiencia universitaria con la llegada de nuevos fondos. Si hacemos esto, no tan solo Puerto Rico, pero todo el mundo acudirá a nosotros en busca del mejor talento para resolver los grandes problemas de la humanidad.  Además, le damos un mejor servicio a los estudiantes subgraduados ya que según demostrado en estudios realizados en otras instituciones el realizar investigación aumenta la retención, se gradúa más rápido y muchos continúan estudios graduados. Si apostamos a la creatividad estoy seguro que se puede mantener la calidad de la enseñanza, mientras se fomenta un mayor balance entre las funciones de un catedrático. Existen numerosos ejemplos en Estados Unidos y otras partes del mundo de cómo lograrlo sin sacrificar la enseñanza. Con el uso de la tecnología y nuevas modalidades de cómo ofrecer los cursos este balance se puede alcanzar.

La universidad del futuro no tiene paredes ni un espacio físico. Es poroso y estará abierto para todos desde cualquier rincón del planeta. Esto me lleva al otro componente que falta desarrollar aceleradamente y que atraerá nuevos fondos a la universidad: la creación de una amplia oferta de cursos en línea con potencial de mercadearlos no tan solo en Puerto Rico, pero en Latinoamérica y comunidades de latinos residiendo en Estados Unidos. Si por aquí comenzamos y nos va bien, ampliamos la oferta a otras partes. Hay que romper con las reglamentaciones que impiden que esto se alcance rápidamente, comenzando con permitir que cualquier persona en cualquier parte del mundo se matricule a los mismos. Además de cursos puntuales, se pueden desarrollar programas completos y ofrecerlos en distintos horarios, facilitando así que profesionales que trabajan de día puedan participar de los mismos. Ya existen profesionales en la UPR que tienen la visión para alcanzar todo esto. Con dirigir recursos al inicio se pueden levantar estas ofertas.

Cuando se tiene una mentalidad emprendedora todos los retos se convierten en grandes oportunidades. La creación de empresas universitarias bajo un modelo eficiente es una de estas oportunidades que bien organizadas y pensadas pueden ayudar a levantar fondos para la UPR e inclusive darles trabajo a estudiantes. También es una forma de comenzar a desarrollar ciudades universitarias que le provean servicios a su gente. Por ejemplo, existen oportunidades para rentar terrenos para uso agrícola, espacios para conferencias y oficinas, bienes raíces, desarrollo y organización de simposios y eventos, ofrecimiento de cursos de adiestramiento para empleados del gobierno y la empresa privada (que se podrían ofrecer en línea). También se pueden crear empresas universitarias que provean servicios profesionales y consultoría, como también de manufactura e ingeniería de productos. Veamos todos los recursos y activos que tenemos y busquemos la forma de ponerlos al servicio del país y el mundo. Otra importante contribución que también genera riquezas a la universidad es inculcar la mentalidad emprendedora en los estudiantes, que se vean como futuros empleadores y no como otro empleado más. Fortaleciendo las destrezas de innovación y emprendimiento en todos los programas académicos ayudamos a crear una cultura de personas altamente creativas, autosuficientes, con sed de provocar cambios y aportar a la sociedad. En otras universidades, estos principios generan exalumnos que se convierten en empresarios exitosos y disponibles a donarle a su alma mater su tiempo, mentoría y sobre todo su chequera. No perdamos de perspectiva el valor que hay en ayudar a un estudiante convertir sus ideas en oportunidades empresariales.

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Por supuesto, no nos podemos olvidar de los numerosos ahorros que la UPR puede generar modernizando y simplificando sus procesos administrativos, como también en hacer una total re-ingeniería de los recursos humanos que tiene y su oferta académica. Estas cosas se caen de la mata y deben ocurrir para que lo demás tenga éxito. Ojalá no nos recorten los $300 millones y que con medidas creativas podamos generar $300 millones adicionales para invertir en la UPR que nos merecemos.

Finalizo este ensayo recordando que cuando se construyen planes estratégicos sin métricas claras de lo que se quiere alcanzar, el barco no encuentra rumbo y sigue a la deriva. Este ha sido el gran problema en la UPR. Hoy día lo que aspiramos como universitarios son acciones concretas y medibles que nos motive a dar un paso al frente y sin miedo.

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