Un nuevo ecosistema como solución

Todos los países que aspiran o han alcanzado una sociedad altamente innovadora y de constante desarrollo económico basado en la innovación cuentan con un denominador común: una universidad ancla, dinámica y catalizadora que provee, primeramente, el recurso humano diestro y emprendedor, y segundo, un flujo amplio de proyectos y productos con grandes oportunidades a insertarse a las realidades competitivas del mundo.

Por la situación actual en Puerto Rico, esta aspiración debería conseguir consenso rápidamente. Aún así, como colectivo (el efecto neto de miles de voces), hemos tenido dificultades en reconocer la Universidad de Puerto Rico como el protagonista de tal necesario ecosistema y en exigirle que se materialice este modelo basado en la innovación y en el emprendimiento por el bien común. La exclusión, en todas sus modalidades, ha engendrado una universidad repleta de paradojas, que para lograr su cambio radical, hay que invertir estratégicamente en esta aspiración. En tiempos de contracción económica el ejercicio puede ser complejo pero necesario.

En los pasados años se ha levantado una ola de emprendedores en y fuera de la Universidad de Puerto Rico dedicados a crear oportunidades entre los activos que nos rodean para promover la investigación científica y la innovación como causante de grandes oportunidades socioeconómicas en Puerto Rico. Estas personas son rápidos hacedores que miran la crisis con optimismo y que los motiva la posibilidad de crear ecosistemas que se comuniquen en un lenguaje creativo y de total relevancia. Son “champions” que reconocen los retos y la quijotesca amplitud de acción consistente e ineludible para lograr los cambios que se conversan, pero no se ejecutan.

11898887_408068416065753_2935278448229571187_nTodo ecosistema de innovación y emprendimiento comienza con un grupo de “doers” que sueñan con cambiar las cosas.

Hablar de retos en un lugar como Puerto Rico puede ser igualmente extenuante que contar los granos de arena en la orilla del mar. Tenemos un sistema universitario edificado desde su origen para crear empleados y no emprendedores lo que provoca que se desperdicien grandes ideas y talento que podrían convertirse en importantes oportunidades empresariales en Puerto Rico. El efecto negativo de esta realidad la vemos en programas académicos donde más del 40% de sus egresados se van de Puerto Rico. Claro, nadie esconde que las oportunidades laborales y de calidad de vida en otras partes podrían ser superiores, pero también se reconoce que una actitud emprendedora en sociedades en crisis es una combinación exitosa. Chile y Brasil son ejemplos de esto.

Además, hay pocos recursos económicos asignados para apoyar adecuadamente la cultura que permite que se sostengan las agendas de investigación e innovación. En ninguna parte del presupuesto de la Universidad hay un renglón sustancial e intocable para invertir en innovación. A esto también le sumas que tampoco se fomenta ni se premia consistente y sistemáticamente la productividad. Si queremos mejores resultados, hay que poner métricas cuantificables y expectativas de éxito. Lo interesante es que la receta para revertir esta tendencia es conocida por miles de instituciones académicas alrededor del mundo, pero aquí la acción se empaña del inmovilismo, el miedo y la redundancia.

A pesar de que un alto volumen de la actividad de investigación proviene de la Universidad de Puerto Rico, su productividad no se compara con otras instituciones similares que aprovechan la crisis que lo rodea para reinventarse a modelos educativos que fomenten y premien la creatividad, la innovación y el desarrollo de nuevos conocimientos y paradigmas. Los modelos universitarios que giran en torno al liderazgo y a crear riquezas con el conocimiento siempre le han servido bien a su entorno y crea las conexiones para convertir la academia en parte integral e indispensable de las soluciones de los problemas que enfrentan las sociedades. Se han dado avances en algunos renglones que levantan el espíritu científico y emprendedor, pero si inspeccionamos bien las buenas iniciativas que han surgido lamentablemente no obtienen el combustible que les garantice sustentabilidad.

En un país de millones de retos, hay trillones de oportunidades y soluciones a los problemas. El Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) ha aglutinado esfuerzos entre profesores y estudiantes para lanzar importantes iniciativas dentro de un articulado ecosistema interdisciplinario de innovación y emprendimiento. La gran meta es que las mismas sean adoptadas con entusiasmo por todo Puerto Rico para que obtenga la visibilidad y los recursos que posibilite su efectividad, expansión y continuidad. Hay un grupo comprometido y experimentado en Mayagüez apostando por un mejor futuro para Puerto Rico.

11152357_362592420613353_2290231816314701981_nLos ecosistemas se nutren de crear enlaces o conexiones entre sus partes. En la unión de activos surgen las oportunidades.

El ecosistema de innovación y emprendimiento del RUM utiliza las fortalezas de sus rigurosos programas académicos y de investigación, la urgencia de las oficinas e iniciativas dedicadas a ayudar los emprendedores y sus innovaciones con potencial de comercialización, la emoción y poder de convocatoria de asociaciones estudiantiles, la re-utilización de espacios dedicados para trabajo creativo e interdisciplinario y la flexibilidad del entorno empresarial del área oeste y el resto de Puerto Rico para provocar las condiciones adecuadas y las personas motivadas. Su diseño en sí es como un start-up dando pasos en múltiples direcciones hasta encontrar terreno fértil para crecer. Entre los frutos del ecosistema, podríamos esperar el incremento de propiedad intelectual de los descubrimientos de los investigadores y emprendedores, en la diversidad y amplia oferta académica en estos temas y al aportar a la economía local con profesionales dispuestos a crear sus propias oportunidades empresariales.

La lista de iniciativas ejecutadas en el pasado año en el RUM es amplia y están resumidas en el siguiente enlace: link. Los programas Innovación Colegial y Pathways to Innovation, con el apoyo del Centro de Negocios y Desarrollo Económico, los decanos de Ingeniería y Administración de Empresas y el Rector, han creado el UPRM E-Ship Network para darle exposición a esta nueva agenda universitaria. La misma cuenta con el apoyo de profesores, la Oficina de Propiedad Intelectual y Transferencia de Tecnología, miembros de las organizaciones estudiantiles Idea Platform, Enactus, HackPR, Starting Point, entre otros, e incluye acuerdos colaborativos con Puerto Rico Technoeconomic Corridor (PRTEC) y universidades como Georgia Institute of Technology y Stanford. Cada día que pasa más personas y entidades se sumarán al movimiento.

10731182_360271137512148_9164456279185251967_nTodo ecosistema necesita condiciones específicas para sostener su propósito e identidad. Una fórmula ganadora en algún ecosistema, no necesariamente funciona en otros.

El gran ingrediente en el UPRM E-Ship Network (como en todo start-up exitoso) es la suma de experiencias y voluntades de universitarios que no le temen al inmovilismo y a la redundancia que se han unido para apostar a la creatividad y a la acción a través de la agenda que se ha levantado. Esta apuesta es una solución a un gran problema que ha aquejado la academia en Puerto Rico y considera la idiosincrasia local para hacer las conexiones correctas y maximizar su impacto.

Todavía faltan más rieles que poner, capital que levantar, acuerdos que llegar y estructuras que construir. Por ahí se acerca el Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación como inversionista y estrecho colaborador. Nos queda unirnos con otras iniciativas locales, la diáspora, las pequeñas empresas y emprendedores influyentes que nos ayuden a llevar el mensaje y levantar recursos.

9111Los ecosistemas sobreviven de constante visibilidad y accesibilidad. Si nadie se entera o se dificulta participar del mismo, está destinado a caer en el abismo del olvido.

Si la aspiración es crear una comunidad emprendedora hay que romper las murallas que no permiten sembrar la semilla del empresarismo en todos los programas académicos. Si queremos generar riquezas a través de la innovación, necesitamos fomentar la creatividad con modelos educativos diferentes y el empoderamiento de las personas. Si el plan es crear más empresas de tecnología en Puerto Rico, necesitamos invertir en los ecosistemas donde se originan las ideas y en sus programas. Por supuesto, hay que traer inversión enlazado a métricas de productividad a la Universidad de Puerto Rico, a Mayagüez, a sus proyectos, a sus emprendedores y a sus investigadores. De lo contrario, estamos destinados a vivir de la copia y a desvalorar nuestra capacidad.

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